La Iglesia de San Benito el Real

Nuestra sede canónica · Uno de los templos más antiguos de Valladolid · C/ San Benito, 3

Del Alcázar Real al gran monasterio de Castilla

La historia de San Benito comienza en 1390, cuando el rey Juan I de Castilla cede el viejo Alcázar Real de Valladolid —el «alcazarejo»— para fundar en él un monasterio benedictino. Aquella comunidad, nacida con una observancia rigurosísima, se convirtió con el tiempo en cabeza de la Congregación de San Benito de Valladolid, de la que dependieron prácticamente todos los monasterios benedictinos reformados de España. A esa condición de «casa madre» debe el conjunto su extraordinaria monumentalidad: aquí se celebraban los Capítulos Generales de la orden, y el prestigio del monasterio atrajo a los mejores artistas de cada época.

El templo gótico: una iglesia-fortaleza

Grabado histórico de la fachada de San Benito el Real con sus cuerpos de campanario originales

La iglesia actual se construyó entre 1499 y 1515 bajo la dirección de los maestros Juan de Arandia y García de Olave, en estilo gótico, sobre los restos del antiguo alcázar. Su aspecto macizo y rotundo, que tantas veces se ha comparado con una fortaleza medieval, la hace inconfundible: tres naves de piedra que rematan en tres ábsides poligonales, sin crucero, de una sobriedad sobrecogedora.

La gran fachada en forma de torre-pórtico fue diseñada por Rodrigo Gil de Hontañón en 1569. Originalmente se alzaba mucho más: sobre el cuerpo actual había otros dos cuerpos de campanario, que hubieron de derribarse en el siglo XIX porque amenazaban ruina. Aun así, su pórtico sigue siendo una de las estampas más reconocibles de Valladolid, y bajo él se han fotografiado generaciones de cofrades del Santo Sepulcro.

Los tesoros de San Benito

En su época de esplendor, la iglesia atesoraba algunas de las obras cumbre del arte español. Para su capilla mayor talló Alonso Berruguete, entre 1526 y 1532, el retablo que está considerado su obra maestra, encargo del abad fray Alonso de Toro. La nave central acogía la impresionante sillería del coro, obra en nogal de Andrés de Nájera terminada en 1528, con la colaboración de Diego de Siloé y Guillén de Holanda, considerada una de las mejores sillerías de España: en ella se sentaban los abades de todos los monasterios de la Congregación. Ambas piezas se conservan hoy en el Museo Nacional de Escultura, a pocos pasos de nuestra sede.

Dentro del templo permanece, en cambio, la gran reja de Tomás Celma, asentada en 1571: abarca las tres naves y dividía la iglesia en dos ámbitos jerarquizados, el de los pies para el pueblo llano y el de la cabecera para los monjes. Fue prácticamente lo único que quedó en la iglesia tras los expolios, y apenas sufrió daños. En 1922 se instaló el actual retablo mayor barroco de columnas salomónicas.

De cuartel a casa de oración: el renacer

La desamortización de Mendizábal (1835) truncó cuatro siglos de vida monástica: los monjes fueron exclaustrados, el monasterio se transformó en fuerte y cuartel, y la iglesia se cerró al culto, despojada de sus obras de arte. Durante décadas, muchas voces reclamaron su reapertura, que llegó al fin en 1892, encargándose del culto la Venerable Orden Tercera del Carmen. Desde 1897 son los Padres Carmelitas Descalzos quienes rigen el templo — y ese mismo año fundaron en él la Asociación Josefina, de cuya sección juvenil nacería medio siglo después nuestra Cofradía.

El antiguo monasterio, por su parte, tiene hoy nueva vida: su claustro herreriano alberga el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español, haciendo del conjunto de San Benito un lugar donde conviven la oración, la historia y el arte de todos los tiempos.

San Benito y nuestra Cofradía

Para los cofrades del Santo Sepulcro, San Benito no es solo un monumento: es nuestra casa. Aquí nació la hermandad en 1945, aquí tiene su sede canónica en la capilla de los Butrón —donde se veneran el Cristo del Consuelo, la Virgen de la Alegría y el Cristo Yacente—, de su pórtico parten nuestras procesiones, y en sus naves celebramos nuestros cultos durante todo el año, acompañados por la comunidad de Padres Carmelitas Descalzos.

¿Sabías que…? La iglesia se levantó sobre el viejo Alcázar Real de Valladolid, y su torre-pórtico llegó a tener dos cuerpos más de altura: San Benito fue, literalmente, de castillo a campanario.

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