Alonso Fernández de Rozas y José de Rozas
Padre e hijo · Barroco vallisoletano · Autores del paso del Santo Sepulcro
Alonso Fernández de Rozas y su hijo José constituyen uno de los linajes más relevantes de la escultura barroca vallisoletana. De su taller, continuador de los modelos de Gregorio Fernández, salieron las figuras que dan vida a nuestro paso titular, el Santo Sepulcro: los cuatro soldados durmientes, obra del padre, y los dos ángeles y el Cristo yacente, del hijo.
Alonso Fernández de Rozas
Mondoñedo (Lugo), h. 1625 – 1680/1681
Natural de Mondoñedo, como gallego de origen compartía cuna con el propio Gregorio Fernández, de cuyo estilo fue seguidor. Escultor que gozó de gran crédito, estuvo activo entre 1656 y 1680, trabajando además de en Valladolid en Zamora y en Oviedo, ciudad a la que fue llamado en 1680 para realizar las esculturas del retablo mayor de San Pedro el Real. De su gubia salieron, entre otras obras, el retablo mayor del convento de Santa Clara de Medina de Rioseco (1660), la Inmaculada de la Colegiata de Villagarcía de Campos (1666) y tres esculturas de San Fernando repartidas por las catedrales de Zamora, Palencia y Valladolid.
Su vínculo con nuestro paso nace de su condición de cofrade: figura desde 1664 en la Cofradía de las Angustias, de la que llegó a ser alcalde, y entregó las figuras de los cuatro soldados durmientes (1674-1679) para quedar eximido de las ocupaciones del cargo — el único caso conocido en Valladolid de un paso «pagado» de esta manera. Los talló a tamaño natural y con un naturalismo extraordinario: sentados, rendidos por el sueño, con sus corazas de medallones y sus lanzas apoyadas, fueron pintados por Diego de Avendaño y dieron al conjunto su sobrenombre popular, «Los Durmientes».
José de Rozas
1662 – Valladolid, 6 de enero de 1725
Hijo y continuador de Alonso, José de Rozas desarrolló su actividad en Valladolid, León, Monforte y Bilbao. Hombre profundamente cofrade —perteneció a la Piedad desde 1691, a las Angustias desde 1696 y a Jesús Nazareno, según declaró en su testamento—, dejó obras como el Cristo de la Humildad (1691), el Jesús Nazareno del paso «Camino del Calvario» de Palencia (1693) o la escultura del retablo mayor de la iglesia del Rosarillo de Valladolid (1696).
Su intervención en nuestro paso llegó por un accidente: el Viernes Santo de 1696, estando los pasos en San Pablo, el del Sepulcro se hundió y los dos ángeles originales quedaron hechos pedazos. José de Rozas se comprometió con la cofradía a tallar dos ángeles nuevos «en la misma conformidad» que los perdidos, siguiendo el aire de los del Carmen Calzado, y con la condición de quedar reservado de cargos. La cofradía le propuso además construir una urna nueva «de talla calada en perspectiva y con sus vidrios cristalinos», que no llegó a realizar; a cambio, se le atribuye la talla del Cristo yacente que desde entonces reposa en el interior del sepulcro, inspirada directamente en los modelos de Gregorio Fernández.
¿Sabías que…? Padre e hijo nunca trabajaron juntos en el paso: los soldados de Alonso son veinte años anteriores a los ángeles y el yacente de José, que llegaron al conjunto cuando su padre ya había fallecido. El Santo Sepulcro es, así, la obra de dos generaciones.
Contempla su obra en la ficha del paso del Santo Sepulcro, o conoce a los demás imagineros de la Cofradía: Gregorio Fernández y Miguel Ángel Tapia.