Gregorio Fernández

Sarria (Lugo), 1576 – Valladolid, 1636 · Maestro del Barroco castellano · Autor del Santísimo Cristo del Consuelo

El maestro de la escuela castellana

Gregorio Fernández es el máximo exponente de la escultura barroca castellana y una de las cimas del arte sacro español. Nacido en Sarria (Lugo) en 1576, llegó a Valladolid hacia 1601, en los años en que la ciudad era capital de España con la corte de Felipe III, y se formó en el taller de Francisco del Rincón, el escultor más prestigioso de la capital castellana. En 1605 abrió taller propio, que con el tiempo se convirtió en una auténtica factoría de imágenes: un ejército de escultores, pintores, policromadores, doradores y ensambladores trabajaba bajo su dirección, reservándose el maestro las cabezas y las manos, las partes más expresivas de cada imagen.

Heredero de la expresividad de Alonso Berruguete y Juan de Juni, supo sumar a esas influencias el clasicismo de Pompeyo Leoni y Juan de Arfe, liberándose progresivamente del manierismo hasta alcanzar un naturalismo hondo y sereno que definiría para siempre la imaginería procesional castellana. Su realismo se apoyaba en la profunda expresión de los rostros —con recursos como los ojos de cristal, los dientes de marfil o las lágrimas de resina— y en el característico «plegado metálico» de sus ropajes, de aristas quebradas y contundentes.

Fue el creador de modelos fundamentales de la imaginería barroca española: los Cristos yacentes, las piedades, los crucificados o los atados a la columna que talló —como el célebre de la Vera Cruz vallisoletana, de 1619— fueron imitados durante generaciones. Murió en Valladolid el 22 de enero de 1636, y la mayor colección de su obra se conserva hoy en el Museo Nacional de Escultura, que cada Semana Santa presta sus tallas a las cofradías de la ciudad para que vuelvan a recorrer las calles para las que nacieron.

Gregorio Fernández y nuestra Cofradía

Nuestra hermandad tiene el privilegio de rendir culto y procesionar una obra del maestro: el Santísimo Cristo del Consuelo, crucificado tallado hacia 1610, en su etapa temprana, cuando su gubia aún destilaba la suavidad exquisita que describió el profesor Martín González. Cada Miércoles Santo, en la Peregrinación del Consuelo, los cofrades lo portan a hombros por las calles del casco histórico.

Pero su huella en la Cofradía va más allá: el yacente del paso del Santo Sepulcro, atribuido a José de Rozas, se inspiró directamente en sus modelos, y el Cristo Yacente de Miguel Ángel Tapia (2009) reconoce abiertamente su influencia. Cuatro siglos después, la sombra del maestro sigue proyectándose sobre las imágenes que veneramos.

¿Sabías que…? El Cristo del Consuelo presidió San Benito desde lo alto del retablo mayor durante medio siglo, hasta que en 1972 bajó a la capilla de los Butrón. Su llegada al templo se debió a un intercambio: a cambio del crucifijo de Alonso de Berruguete que fue al Museo, la iglesia recibió esta obra de Gregorio Fernández.

Conoce a los demás imagineros de la Cofradía: Alonso y José de Rozas y Miguel Ángel Tapia.