Nuestra Historia

Desde 1945, al servicio del Señor del Sepulcro en la Iglesia de San Benito el Real

La Semana Santa de Valladolid: esplendor, olvido y renacer

La Semana Santa de Valladolid ha tenido, como mínimo, dos etapas claramente marcadas en su vida. La primera se inicia en el lejanísimo siglo XVI y alcanza su máximo esplendor en los dos siguientes. Es la época en la que florecen no solo las ya clásicas cofradías penitenciales, sino los grandes escultores que dejan su arte en madera para la posteridad. Esa etapa tan fecunda empezó a perder vigor a partir del siglo XVIII, languideciendo hasta casi desaparecer en poco más de cien años. Un cierto puritanismo, la necesidad de romper con el pasado de unos desfiles que casi siempre se tornaban sangrientos, y avatares políticos como la desamortización de Mendizábal en el año 1836, dejaron muy maltrecha a la Semana Santa vallisoletana, que vio perder en poco tiempo sus mejores procesiones. Caen las celebraciones en el olvido, quedan arrumbadas las carrozas que desfilaban y se pierde la costumbre de sacar a la calle los pasos creados por los mejores imagineros del mundo, muchos de los cuales se abandonan en los sótanos del universitario Palacio de Santa Cruz, entonces Museo Provincial de Bellas Artes.

El paso del Santo Sepulcro en procesión, fotografía histórica

La segunda etapa se remonta a 1920, cuando en la ciudad se juntan tres personas que van a ser definitivas para el renacer de la nueva Semana Santa: el arzobispo Gandásegui, el historiador Juan Agapito y Revilla y Francisco de Cossío, entonces director de dicho Museo. Para atajar en lo posible el abandono de este arte esculpido en madera, ese año los tres se lanzan a la aventura de resucitar algunas de las viejas procesiones que el tiempo había sumido en el olvido, rescatando una parte de las tallas que se guardaban en los sótanos del Museo Provincial.

Poco a poco fue naciendo una nueva Semana Santa que desde entonces hasta hoy solo tendría un único y doloroso paréntesis, el de la guerra civil, hasta convertirse, como recuerda el propio Cossío, en algo «no superado en ninguna parte del mundo, como exhibición del arte cristiano».

El nacimiento de nuestra Cofradía

Al amparo de los nuevos aires nacieron otras cofradías diferentes a las cinco clásicas que se habían disputado, cuatrocientos años atrás, el honor de alumbrar y acompañar algunos de los pasos más hermosos de cuantos conocemos hoy. Una de esas cofradías es la del Santo Sepulcro. Su origen hay que buscarlo en la vallisoletana Iglesia de San Benito, lugar donde nació y en donde continúa teniendo su sede. Allí, los Padres Carmelitas Descalzos habían fundado en 1897 la Asociación Josefina, integrada por devotos de San José; en 1940 se crearon en su seno las ramas masculina y femenina, y poco después la sección de jóvenes, la Juventud Josefina. Al amparo de la religiosidad que invadió España en los años de posguerra, sus miembros, de acuerdo con su director el Padre José Antonio Carrasco, y con Felipe de la Fuente —que sería el primer presidente de la cofradía— entre sus impulsores, iniciaron enseguida los trámites precisos para participar activamente en la Semana Santa. Al fin, el 20 de diciembre de 1945 el arzobispo Antonio García y García, sucesor de Remigio Gandásegui, decreta:

Los nuevos hermanos ajustan su vida a un reglamento cuyo fin principal era, según se lee textualmente, «dar culto al Señor muerto por nosotros y sepultado durante tres días en el seno de la tierra, y por medio de este culto aumentar en sus miembros el Amor a la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, fuente perenne de santificación». Como fin secundario se proponía «acompañar al Señor encerrado en el sepulcro en la procesión del Santo Entierro que todos los años se viene celebrando el Viernes Santo en nuestra ciudad». En la primavera de 1946, aprobados ya formalmente sus estatutos, los cofrades participaron por primera vez en la procesión general del Viernes Santo alumbrando el paso de los Durmientes.

Junto a estos fines, la cofradía creció en torno a una devoción muy concreta: el Acto Penitencial ante el Cristo del Consuelo, tradicionalmente conocido como de los «Treinta y tres Credos», que se celebra cada tarde de Viernes Santo en San Benito y en torno al cual nació la cofradía. Durante casi cuarenta años la cofradía conservaría su nombre original, hasta adoptar en junio de 1994, con autorización del Arzobispado y como reconocimiento a esa devoción profesada desde su nacimiento, su actual denominación: Cofradía del Santo Sepulcro y del Santísimo Cristo del Consuelo.

Manolas y cofrades junto al Consiliario, fotografía histórica de la Cofradía

El paso de los Durmientes y su carroza

El primer paso que acompañaron los nuevos cofrades fue el llamado «Los Durmientes», hoy conservado en el Museo Nacional de Escultura. El conjunto no siempre estuvo ligado a nuestra cofradía: originalmente lo acompañaba la Cofradía de las Angustias, que fue quien lo encargó; más tarde lo hicieron los seminaristas, y finalmente, desde 1945, los cofrades del Santo Sepulcro. Lo forman siete figuras: el Cristo yacente, atribuido a seguidores de Gregorio Fernández; los cuatro soldados romanos dormidos que talló Alonso de Rozas en 1674, policromados por Diego de Avendaño; y los dos ángeles de José de Rozas, hijo del anterior, Corona el conjunto la urna sepulcral: atribuida a Juan de Ávila, hacia 1599, es la pieza más antigua del paso.

Elemento fundamental del conjunto es la carroza que lo traslada por las calles de la ciudad. Durante sus primeros años, el paso desfiló sobre una vetusta plataforma que no era otra cosa que un sencillo remolque de camión o carreta. En 1957 fue sustituida por la actual carroza, obra del escultor y cofrade Francisco Sánchez Medina, quien creó una plataforma que encaja perfectamente con el sepulcro salido del taller de los Rozas, y en cuya construcción se emplearon mármoles, madera de cedro y bronces.

La Peregrinación del Consuelo

La procesión más íntima de la cofradía nació mucho antes de que el Cristo del Consuelo saliera a la calle. Aprobada por el arzobispo en 1979, la Peregrinación del Consuelo salió por primera vez en la medianoche del Miércoles Santo de 1980, recorriendo entre silencios, oraciones y redobles de tambor las calles de la antigua judería vallisoletana —la Plaza de la Rinconada, Platería, Expósitos o Santo Domingo de Guzmán—, mientras se meditan las catorce estaciones del Vía Crucis.

Sin embargo, no siempre presidió esta peregrinación el Santísimo Cristo del Consuelo. A lo largo de su historia, la cofradía ha llegado a portar en ella hasta cuatro Crucificados diferentes: entre 1980 y 1989 alumbró el hoy denominado Santísimo Cristo de la Fe (Leocricio Rodríguez de Monar, 1949), cedido por la Cofradía del Santo Cristo del Despojo; en 1990, un Crucificado anónimo vallisoletano del primer tercio del siglo XVII, de la parroquia de San Lorenzo; y entre 1991 y 1994, un Cristo Crucificado atribuido a Pedro de la Cuadra, del convento de San Pablo. Finalmente, en 1995 salió a la calle la imagen a la que la cofradía llevaba décadas rindiendo culto en el interior de San Benito: el Cristo del Consuelo, atribuido a Gregorio Fernández, que debió de labrarlo hacia 1610, y que se venera en la capilla de los Butrón. El profesor Juan José Martín González lo describe como una talla de 1,26 metros, de cuerpo muy esbelto y corona de espinas labrada en la propia madera, trabajada con criterio académico y dotada de una espléndida policromía. Desde entonces, los cofrades lo portan a hombros cada Miércoles Santo.

El Encuentro y la Virgen de la Alegría

Desde 1961, la procesión del Encuentro de Jesús Resucitado con la Virgen de la Alegría, que cierra gloriosa la Semana Santa el Domingo de Resurrección, depende de nuestra cofradía en la parte que a la Virgen se refiere. Durante años se procesionó una imagen de la Virgen de las Candelas, perteneciente a la parroquia de San Lorenzo, a la que para la ocasión se retiraban el Niño de su brazo izquierdo y la vela de la mano derecha, hasta que su estado de conservación aconsejó no sacarla del templo. Decidida a continuar la tradición, la cofradía encargó una imagen propia para conmemorar su 50 aniversario: el contrato con el escultor vallisoletano Miguel Ángel Tapia se firmó el 10 de abril de 1996, y la nueva Virgen de la Alegría, presentada en la sacristía de San Benito y bendecida por el arzobispo D. José Delicado Baeza, desfiló por primera vez el Domingo de Resurrección de 1997.

Del mismo escultor es la imagen más reciente de la cofradía: el Cristo Yacente, bendecido el 1 de abril de 2009 en San Benito el Real, de claras influencias del estilo de Gregorio Fernández y realizado para los actos internos y de culto, especialmente la veneración y besapié del Sábado Santo.

Una sede cargada de historia

No puede entenderse la historia de la cofradía sin la de su sede. La Iglesia de San Benito el Real, levantada entre 1499 y 1515 sobre el antiguo Alcázar Real, fue la casa principal de la orden benedictina en Castilla y atesoró obras de arte extraordinarias: el gran retablo mayor tallado por Alonso Berruguete, y la sillería del coro, obra plateresca de Andrés de Nájera terminada en 1528, en cuyos respaldos figuraban los santos titulares de las casas benedictinas españolas para que cada abad, en las reuniones anuales de la orden, encontrara fácilmente su asiento; muchos autores la consideran una de las mejores sillerías de España. Tras la desamortización de 1835, el monasterio se transformó en fuerte y cuartel, y la iglesia, cerrada al culto, fue despojada de sus tesoros: por fortuna, la sillería y gran parte del retablo se conservan hoy en el Museo Nacional de Escultura, mientras que la reja de Tomás Celma, de 1571, permaneció en el templo.

La iglesia no reabrió sus puertas hasta 1892, y desde 1897 son los Padres Carmelitas Descalzos quienes se hacen cargo de ella. En 1922 se instaló el actual retablo mayor barroco, procedente de Portillo. En el seno de esa comunidad carmelita, «casa y hogar» de la cofradía desde su fundación, nació y desarrolla su vida nuestra cofradía. Puedes conocer más en la página dedicada a la historia de San Benito el Real.

Fechas que han marcado nuestro camino

  • 1897 — Los Carmelitas Descalzos se hacen cargo de la Iglesia de San Benito el Real y fundan la Asociación Josefina, germen de la futura Cofradía.
  • 1945 — El 20 de diciembre, el arzobispo Antonio García y García erige la Cofradía del Santo Sepulcro y le encomienda el Paso de los Durmientes en la procesión general del Viernes Santo.
  • 1946 — Aprobados sus estatutos, la cofradía participa por primera vez en la procesión general del Viernes Santo.
  • 1957 — Estrena la nueva carroza del Santo Sepulcro, obra del escultor y cofrade Francisco Sánchez Medina, que sustituye a la plataforma original.
  • 1961 — La Cofradía asume la parte de la Virgen en la procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección.
  • 1979 — El arzobispo aprueba la celebración de la Peregrinación del Consuelo.
  • 1980 — Primera Peregrinación del Consuelo en la medianoche del Miércoles Santo, presidida hasta 1995 por Crucificados cedidos por otras cofradías y templos de la ciudad.
  • 1994 — La cofradía adopta su denominación actual, incorporando la advocación del Santísimo Cristo del Consuelo.
  • 1995 — El Cristo del Consuelo, atribuido a Gregorio Fernández, procesiona por primera vez con la cofradía.
  • 1996 — Se firma el contrato con Miguel Ángel Tapia para tallar la Virgen de la Alegría, conmemorando el 50 aniversario fundacional.
  • 1997 — La Virgen de la Alegría, bendecida por el arzobispo D. José Delicado Baeza, desfila por primera vez el Domingo de Resurrección.
  • 2009 — Bendición del Cristo Yacente, obra de Miguel Ángel Tapia, para los actos de culto del Sábado Santo.
Las pendonetas abren la procesión seguidas de las filas de cofrades

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